Tres

Hoy no es un día como todos. En realidad, siendo emprendedor (del rubro que sea ¿eh?), cada día es distinto al anterior. Por mil motivos. Están esos días en los que sentís que podés contra viento y marea... y están esos momentos en los que una brisa de verano te tumba como si Mike Tyson te hubiera pegado una piña. 

Pero hoy es un día especial. Porque, desde hace 3 años, cada 30 de Enero va a ser especial. Un 30 de Enero llegamos a Estados Unidos a radicarnos "por el momento" (lo enfatizo porque soy de los que creen que nada es para siempre). 

Pasaron ya tres años desde que abrimos la puerta de nuestra casa y empezamos esta nueva aventura. Y escribo en plural porque somos cinco los que nos bajamos del avión con el corazón latiendo fuerte (mezcla de tristeza absoluta y la más grande ilusión). 

Nos pasaron mil cosas. Perdón: un millón de cosas. Pero acá estamos. Contra viento y marea, avanzando bien abrazados y pensando en positivo. Poniendo todo lo que tenemos adentro de nuestros corazones para que no nos despedacen las críticas y aceptando el gran amor que recibimos de los nuevos brazos que nos envolvieron con genuino afecto. Y, golpeados y todo, nos dejamos querer. Porque es lindo sentirse querido. 

Yo no se qué nos deparará el destino (¿acaso alguien lo sabe?) Pero creo que cuando uno hace las cosas con la convicción de que es lo que corresponde, todo tiende a mejorar. Veo a mis hijas crecer muchísimo en este último tiempo, viviendo una experiencia única en sus vidas, luchando contra sus demonios y saliendo adelantes con un ímpetu emocionante.

Me lleno el pecho de orgullo cuando mi compañera de viaje (inseparable) se rompe el lomo tratando de hacerse entender en inglés (al mejor estilo "yo Tarzán, tu Jane"), logrando certificarse en la profesión que tantas satisfacciones le dio en Argentina. ¿Cómo no la voy a amar a mares, a océanos enteros, si es una genia? 

Y yo acá voy... adelante del carro, empujándolo. Nada que no haya hecho antes. 

Hoy, tres años después y miles de lágrimas de emoción sobre el pecho, soplamos las velitas de nuestra pequeña torta sabiendo que lo mejor está por venir.