El día en que Robin se cansó de ser Robin y fue, simplemente, Robin

"Es difícil la tarea de superhéroe" escribió Batman en su cuenta de twitter. Robin, que leía su timeline como quien no quiere la cosa, le respondió con un triste "¿Y vos te quejás? Yo ando con un bombachón verde y una capita que me llega a la mitad de la espalda #heroegarca".

Es esta la historia de como Robin se enojó con Batman y ese enojo llevó a la separación de este dúo dinámico que hizo historia. También hizo matemática, lengua, geografía y todas las otras materias obligatorias de la educación pública pero ese es otro cantar. Como el del "Mio Cid", que parecería ser que no le gustaba cantar pero lo obligaban. Mio quería ser albañil y dedicarse a eso pero su padre le decía: "Tú tienes que cantar, Mio" Y Mio cantaba. Mal, pero cantaba. Hasta que un día, juntó sus ajadas ropas y se marchó sin rumbo fijo. Ni número fijo. Llevó su celular. El celular de Mio. Y le puso de ringtone la canción de Batman. Porque a Mio le encantaba Batman. A Robin no. Robin estaba cansado de ser el "che pibe" de Batman. Quería mejoras salariales, quería obra social, quería otra ropa. Batman tenía el super-cinturón, con mil cosas. Robin no. Robin apenas usaba un cinto que había sido de Alfred, el mayordomo, cuando jugaba al ping pong en el equipo de Ciudad Gótica.

Otro tema era el vestuario. Robin no quería usar más ese pantaloncito con las medias largas y los zapatitos de duende. Ni mangas largas tenía. Apenas un chaleco con una erre horrible. "Cómo para que sepan que es mío, porque sino puede ser el chaleco del pibe del valet parking" solía quejarse Robin con el Comisionado Gordon. "No me deja ni atender el bati-teléfono, imaginesé Comisionado" instigaba el Joven Maravilla. Cuando el comisionado trataba de hacerlo sentir bien, Robin siempre le decía: "Usted es un flash, Gordon".

Él quería un traje como el de Batman. Un traje que en invierno sea abrigado, que marque los abdominales, con un casco como la gente. Robin tenía un antifaz que se le caía cada dos por tres. "La gente se aviva de que soy yo, Batman. A vos no se te nota pero a mi, después, me gastan en la escuela" intentaba convencer Robin.

Pero Batman no quería saber nada. Robin iba y le quería enseñar a jugar al yo-yo y Batman no quería. "No quiero saber nada, Robin. ¿No entendés?" se enojaba.

Robin quería cambiar de nombre. "Batman suena lindo, Batman. Pero Robin es "Petirrojo" en español. Es una cagada, un pajarito de mierda. Vos sos el hombre murciélago y yo soy un pajarito de morondanga". Pero el hombre detrás de la máscara se rehusaba. Y la máscara la re usaba. Tanto fue así que muchos ladrones preferían rendirse antes de tener que soportar el hedor cada vez que Batman les hablaba de cerca.

Entonces un día Robin cambió de estrategia: empezó a hablar haciéndose el simpático y respondía con chistecitos. "Santas disciplinas, Batman" exclamaba ante cualquier situación. "¿Dónde queda el almacén de Don Berto, Robin?" preguntaba Batman y él, canchero, le respondía: "En Santos Lugares, Batman".

Hasta que Batman se cansó y se pudrió el rancho. Entonces Batman hizo lo que cualquier líder debía hacer: llamó a los obreros y mandó a cambiar el rancho por otro nuevo, con luces y todo. Luego llamó a Robin y le dijo "charlemos". Robin se puso mal. Dicen los que saben que lloró. Pero… ¿qué saben los que saben si no estaban allí?

La realidad es que Robin miró a su mentor y, sin entender bien por qué, dijo: "Debo partir, Batman. No sos vos, soy yo. Esto me duele más a mi que a vos. Yo te quiero Batman, pero como amigo. Ponete en mi lugar, vos nunca me escuchás cuando te hablo. ¿Sabés qué, Batman? No estoy enojado, estoy triste. Necesito un tiempo. Vos no me estás echando, yo me estoy yendo"

Robin armó su bolsito y se fue silbando bajito. Nunca hubiera podido silbar alto porque apenas medía un metro con cuarenta y dos centímetros.

La última vez que lo vieron fue en las cercanías de Villa Tesei, vendiendo rulemanes importados de Bolivia. Batman sigue en Ciudad Gótica con Alfred, su fiel amigo.