La exigencia del mozo

Yo le pido al mozo. Pero no le exijo ¿eh? Le pido. Le digo "por favor" y le digo "gracias". Es más, le digo "gracias ¿eh?". Le agrego ese "¿eh?" al final como para hacerlo sentir mejor. Y se lo digo con tono de pregunta. Para generar complicidad. Porque sino puede sonar a que lo estás puteando. Si le decís "eh" suena a "gracias, pelotudo" y no es la idea. La idea es hacerlo sentir bien. Pobre tipo, pensá que está todo el día dale que te dale, yendo y viniendo. Yo no podría ser mozo. "¡Mozo! ¿Me trae otra agua?" ¿Otra? ¿Tenés el cuerito flojo, corazón? le diría. No no, no es para mi la mozitud. Lo mío es otra cosa. Es algo más poético. No se bien qué, pero poético. Mozo no. Ni de casualidad. Hablando de casualidades, este mozo no pasa por la mesa ni mira para este costado ni por asomo. Está allá, apoyado contra la columna, mirando para afuera. Y eso que el bar no tiene mesas afuera. ¿Qué mira? Adentro están las mesas, papá. Acá estamos los que te pagamos el sueldo, mozo. Yo me estoy muriendo de sed porque al cocinero se le cayó el salero en el puré que te pedí y vos mirando la vida pasar. Así no vas a llegar a nada, mozo. Y eso que te lo pedí bien. Hace veinte minutos que te pedí el agua con gas. Clarito le dije: "Y un agua con gas, por favor". Pero se ve que tiene problemas en la cabeza y no se acordó porque me trajo un jugo de pomelo. "Era un agua con gas" le dije con cierta vergüenza. ¿Por qué será que, cada vez que un mozo se manda una cagada, siento que el que estuvo en falta fui yo? "¿Seguro?" me increpó él, tratando de  plantar la duda en mi. Y lo logró porque me hizo dudar. Es raro, sobre todo porque el pomelo no me gusta. Pero me dio pena y le dije: "Dejalo dejalo". Dos "dejalo" le dije. No uno. Dos. Porque me dio un poco de pena. Todos nos equivocamos alguna vez. El que esté libre de pecado que se haga cura. No le juega mucho a favor que tampoco me trajo el puré que le pedí. Explicame qué tiene de parecido el zapallo a la batata. No solo no suenan parecido sino que son de distinto color. Aunque sea date cuenta de eso, mozo. Y eso que le dije. Le dije: "Era de zapallo". "¿El jugo?" me responde. Y ahí ya no supe más que decirle. "No pasa nada. Todo bien" le mentí. Porque si hay una máxima que respeto a rajatabla es la de nunca pelearse con los mozos. Jamás. Y menos cuando falta el cafecito. Te peleás con el mozo y el café viene con sorpresa. Eso es así acá y en China. Ojo: yo no estuve en China nunca ¿eh? Pero me la juego que es así. Nunca hay que pelearse con los mozos. Por eso yo le pido. Le digo "por favor". Le dije: "Un cafecito, por favor". No le exijo. Aunque debería. Porque el té con leche que me trajo es un asco.