La sesión

 Él entró y se sentó, incómodo. Nunca le gustaron las visitas al psicólogo.  ¿Quién se cree que es, después de todo, para andar evaluando qué está bien y qué no? Si lo pensaba un poco, quizás sus años de universidad y su título lo habilitaban para hacer eso. Pero esa sensación de que se le metía en la cabeza y le abría puertas que estaban bien cerradas... eso era lo que más le molestaba.

El Penal

La cantidad de gente era lo de menos. Lo más importante estaba en el punto del penal y lo que iba a pasar (para mal o para bien) en menos de dos o tres minutos. "Penal bien pateado es gol" siempre dicen. "Claro" pensaba El Tuerto "total… el que patea soy yo".

Acomodó la pelota haciéndola girar entre sus manos, como buscando el punto exacto donde apoyarla en el punto de cal. "¿Por qué le dicen "punto" si es grande como una torta?" pensó El Tuerto haciendo una mueca que, desde las cabinas, sería entendida como un gesto de suficiencia. En ese momento se le ocurrió pedir el cambio de pelota. "Está desinflada" le dijo al árbitro holandés, sabiendo que no lo iba a entender. El arquero se acercó corriendo, quejándose. "Vos cerrá el orto" le dijo El Tuerto aún teniendo en cuenta que el jugador del otro equipo no hablaba español.

El gato Marconi

En el libro "El gato te mete el perro", el veterinario y poeta Augusto Marconi escribió: "El gato es un animal. El perro también. Sin embargo, el gato es mas fuerte. Levanta autos sin ir mas lejos. Y no va mas lejos porque, justamente, el gato tiene el auto levantado. Sino, iría lejísimos. Muy lejos. Pero vuelve. Va y vuelve. Como un búmerang pero animal. Eso es el gato. El perro no. El perro es del hogar. De la chimenea. Tanto palito que le tirás y te lo trae, el hogar es hermoso. Una locura de llamas. Y viene. Es decir, vos lo llamás y viene. El perro viene. Va y viene. Pero si lo llamás, viene. El gato no. El gato viene cuando quiere. De ahí el nombre. Gato. Del latín: "Agathasivieneus" que, como es de conocimiento general, significa que viene cuando quiere como expresé con antelación"

La exigencia del mozo

Yo le pido al mozo. Pero no le exijo ¿eh? Le pido. Le digo "por favor" y le digo "gracias". Es más, le digo "gracias ¿eh?". Le agrego ese "¿eh?" al final como para hacerlo sentir mejor. Y se lo digo con tono de pregunta. Para generar complicidad. Porque sino puede sonar a que lo estás puteando. Si le decís "eh" suena a "gracias, pelotudo" y no es la idea.